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Poesía y Literatura
Este blog está dedicado a los amantes de la poesía y de la literatura en general, a educadores y alumnos para quienes la enseñanza y el aprendizaje de estas materias son importantes, pero en especial para aquellos que creen en la sensibilidad.

Archivo: Julio 2009

15/07/2009 GMT -5

LA HISTORIA EN UN BAÚL ESCONDIDA

riverosjp @ 11:53

Como en las historietas que llegaban en revistas que se podían comprar en las esquinas, de colores o monocromáticas como las que el abuelo sacara un día de su baúl de sueños, que guardó escondido hasta de los ojos de mi padre. Así narraré esta historia que el viejo una vez me relatara y que revivo en mi memoria tan fácil y claramente como si hubiese sido ayer.
Vuelven los sonidos de la finca, el gallo canta, el olor de tierra humedecida inunda los rincones.
La tranquilidad se respira en el ambiente, las nubes van dando paso al sol que se asoma tímido tras las montañas, un sol que solo he sentido allí, en ese pedazo de tierra heredada, que mis abuelos maternos habían aprendido a amar desde su llegada al país ya bien entrado el siglo pasado.
Escaparon de la España de Franco, recorriendo mares y caminos hasta asentarse aquí con los pocos ahorros que lograron conservar.
Apuro mi café, caliente y suave; veo a lo lejos la belleza del amanecer de mi tierra Risaraldense y agradezco al creador los bienes recibidos.
Mucho quedó atrás en el pueblo de los ancestros, más que sus tumbas sus recuerdos de infancia; recuerdos que debieron trasplantar de continente, en una nueva conquista sin corona, sin armas ni crueldades, ni aborígenes que convertir.
El principio de su viaje hasta aquí es el final de su existencia allá; tal vez por eso nunca abordó detalles sobre sus vidas pasadas, ni de su salida del viejo continente; sus relatos comenzaban sobre la cubierta del barco que los trajo y que recordaba a la perfección; incluso algunos nombres de las personas que compartieron con ellos, tampoco se alejaron por completo de su memoria; recuerdos que parecían reflejarse en la claridad de sus ojos azules y cansados de haber visto lo que para él, era necesario y suficiente.
La experiencia en un mar que hasta entonces no habían conocido no fue ningún paseo. En uno de sus mareos la abuela se acerco demasiado a la baranda de estribor para vomitar y cayó al agua; los marineros alertados por los gritos de mi abuelo, la rescataron de las olas que reventaban contra el barco y que amenazaban con llevar el viejo pesquero a lo profundo del Atlántico. Estuvo sumergida por varios días en un profundo sueño del que mi abuelo pensó que no se despertaría.
La abuela conquistó su corazón vagabundo con la transparencia de su sonrisa y una belleza que irradiaba amor y tranquilidad.
Con muchas dificultades abordaron aquel barco comprometiendo parte de sus ahorros; los aviones se utilizaban más para la guerra que ya se ventilaba en Europa o para el transporte de mercancías y el correo. Lo sabía porque después de salir del colegio y sin más opciones que las de irse de sacerdote, decidió trabajar como repartidor de correo en el pueblo donde la abuela y el habían nacido.
Su visión del futuro parecía incierta, no vislumbraba en el horizonte un camino definido, tampoco tenía claro a donde llegarían o donde desembarcarían. En América pasarían por varios puertos y optarían por alguno; para el abuelo cualquier lugar era una tierra diferente a la suya, a la de sus muertos y por tanto el final de su camino lo tenía sin cuidado.
La nave pasó por varias islas y puertos, hasta que Hastiado de ver sufrir a la abuela que no se acostumbraba a navegar, decidió desembarcar en Cartagena.
Allí no duró mucho, el descanso fue de un par de días antes de comenzar de nuevo su viaje hacia lo desconocido, hacia el interior del país, esta vez por tren hacia la capital Antioqueña; Una vez allí decidirían que camino tomar o si definitivamente se quedarían en esa ciudad.
Era demasiado pronto para el abuelo, su juventud y afán de aventura estaban intactos; las calles y balcones coloniales que le recordaban mucho a su España natal, no lograron seducirlo...
En este punto del relato mi abuelo se quedó dormido; el sueño lo invadió casi sin darse cuenta, sobre la silla mecedora que había sido su compañera en los últimos años de su vida. Al lado su pipa “Briar”, que encendía cuando conseguía picadura fina “capitán Black” que tanto le gustaba, su aroma llenaba la casa de un olor dulzón y delicioso; también su gorra de pana gris y sus anteojos redondos, que le daban un aire de poeta y de respeto.
En su regazo, como un niño huérfano, el libro “Poesías Completas” de Nuñez de Arce.
La abuela hacía mucho que había muerto, yo nunca alcanzaría a conocerla.
El niño fue alejado de su lado y dio comienzo al duelo familiar. Sus objetos más preciados fueron recluidos en el baúl de los sueños y llevado luego al desván en la parte trasera de la casa. Mi conciencia infantil no me ayudó a comprender la grandeza de esos instantes compartidos con mi abuelo. Sus historias y enseñanzas se quedarían guardadas en mi mente y en mi corazón para siempre.
La vida debía seguir su curso, yo crecería alejado de aquel lugar, absorbido por mis estudios y preocupaciones de adulto.
Esta tierra llena de aromas y recuerdos quedaría en el olvido, ya ninguno de nosotros pertenecía a este lugar, todos éramos “citadinos” y mantener la finca se había vuelto costoso y sin sentido. Correspondía entonces liquidar lo que para nadie era ya importante: El segundo hogar de mis abuelos.
El sol había salido completamente, radiante y apacible.
Debía encargarme de todos los detalles antes de hacer entrega oficial de los terrenos a su nuevo propietario. Caminé hacia el viejo desván donde solo con la luz del día podría encontrar lo que buscaba, arrastré la escalera y abrí la puertecilla del techo.
La sensación debía ser la misma que siente un antropólogo a las puertas de un gran descubrimiento, con polvo, telarañas y todo...
Topé con objetos del pasado: Mi vieja bicicleta, algunos libros y cuadernos de la época, pero también con el fantasma del abuelo que surge de su baúl, hoy abierto de nuevo después de muchos años de permanecer empolvado y olvidado para dejar ver sus tesoros. Con a ellos, las revistas de historietas, la gorra y la vieja pipa, sus gafas de aro fino y redondo, un juguete de madera sin terminar, un libro antiguo y muchos papeles de la época; ¡ah! y un diario... que la polilla no fue capaz de consumir. Al pasar sus tapas de cuero grueso y manchado, hallé una nota, una dedicatoria en la primera página: “Para mi nieto, con la certeza de mi amor y con la satisfacción de que algún día podrá conocer el final de la historia...tu historia, con amor, tu abuelo”.
Mis asuntos han terminado. Parto para no volver. A mi lado viaja el viejo baúl de los sueños que espero poder compartir con mis hijos, con la esperanza de alejarlos por un momento de los juegos de video, los ipod y la Internet.
El auto bus comienza su viaje de regreso a la ciudad, mi celular no para de sonar; trata de traerme de nuevo a la realidad, una que pesa demasiado porque dejo atrás mi pasado que no apreciaba.
Curioso...
- Quizás, esta sea la misma sensación que experimentaron mis abuelos setenta años atrás.- FIN
Juan Pablo Riveros-Pereira - 2009

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